Hace mucho tiempo, un mundo fértil y rico en recursos florecía bajo la protección de la Diosa de la Cosecha. Los seres vivos, tanto grandes como pequeños, poblaban el exuberante paisaje. Las frutas y las verduras crecían en abundancia todo el año. Sin embargo, la gente de aquellas tierras, que en su momento había agradecido la bendición de la diosa, perdieron el respeto por la naturaleza. Y, así, también se perdió la tierra copiosa y, con ella, el poder de la diosa. A pesar de todo, la diosa con